1921 En las dos orillas

Exitoso comienzo y después de un período en Buenos Aires, final del dúo en Montevideo. Agregan a Barbieri como guitarrista. Gardel comienza a preocuparse por adaptar su figura a las necesidades artísticas.

Todo comenzó en Montevideo, cuando en enero se presentaron en el teatro Artigas. Allí trabajaban con la tonadillera Paquita Escribano, contratados por Eduardo Messutti. Las actuaciones se extendieron hasta el 20 de enero y fueron todo un éxito de taquilla y de público. Entre las interpretaciones, se destacó el tango “Milonguita” y junto con sus contemporáneos “Mi noche triste” y “Flor de fango”, entre otros, dieron un nuevo matiz a la canción criolla.

Por primera vez Gardel manifestó su intención de adaptar su figura a las exigencias artísticas. Se sometió a duras sesiones gimnásticas en la Asociación Cristiana de Jóvenes. Ya había visto hasta qué extremo había llegado su obesidad en 1917, cuando filmó “Flor de durazno”. A pesar de todo, las sesiones terminaban generalmente en un restaurante de la zona céntrica, “La sonámbula”, donde reponía su perdida energía con un suculento puchero, como relatara repetidamente su amigo don Julio De Caro.

La tournée que habitualmente realizaban los cantores por localidades del interior tuvo en este 1921 un ingrediente especial. Gardel y Razzano conocieron a Guillermo Barbieri. Era el momento, entonces, de incluir un nuevo guitarrista para mejorar la calidad acústica de sus presentaciones. Y desde ese momento hasta 1935, el “Barba”, como lo conocería Gardel, permaneció inmutable junto a ellos. Se completó así el conjunto de guitarras, que hasta el momento era de absoluta responsabilidad para José Ricardo. Mucho se habló de la capacidad del nuevo acompañante y del respeto que este sentiría por el intérprete. De todo esto es importante consignar que la mayoría de los arreglos en las variaciones de las guitarras eran del mismo Barbieri, y que en algunas ocasiones, a posteriori del dúo con Razzano, tuvo intervenciones como segunda voz. La incorporación de Guillermo Desiderio Barbieri fue el hecho más destacado en un año que trascurrió para Gardel y Razzano entre Montevideo, los teatros de Buenos Aires y las grabaciones para la casa Glücksmann.

Por otra parte, el respeto y admiración que el músico sentía por Gardel hizo que entre ambos se trataran de “usted”. Barbieri lo llamaba “Don Carlos”. Es que también en eso existía profesionalismo.

Realizaron dos breves temporadas que señalaron el triunfal regreso del dúo: en el Empire, junto con la bailarina Pastora Imperio y en el Esmeralda, acompañados por Lucy Darmond y Ramona Iglesias, quienes integraban un espectáculo de variedades. Los discos fueron constituyéndose en un suceso. Lo atestigua la cantidad de placas vendidas y grabadas. El tango se fue imponiendo, desalojando a las canciones criollas de su supremacía. Eran pocos, cada vez menos, los temas que hacían a dúo. En las presentaciones públicas ambos tenían las mismas oportunidades. Pero en las grabaciones, los tangos eran “exclusividad” de Gardel. Razzano ya no cantaba solo y pocas veces lo hacía a dúo. Carlos iba imponiéndose sin discusiones.

Concluyó la temporada en el mismo sitio donde la empezaron: en el teatro Artigas de Montevideo. Evidentemente, el éxito del dúo interesó a los empresarios orientales, y decidieron reiterar su contratación para fin de año. Además del dúo, actuaba la “Reina de la Jota”, María Blasco, en el mencionado teatro.

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